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Aportes de la Orgonomía a la Medicina
por Cristina García

Introducción

La vida anímica del ser humano ha sido fuente de eternas incógnitas y denodada búsqueda de respuestas. Wilhelm Reich fue un investigador infatigable que no cesó hasta dar su vida por acceder al conocimiento profundo y verdadero de las miserias humanas. Desde los comienzos de sus estudios universitarios adhirió sin prejuicios a las teorías de Sigmund Freud, escribiendo ensayos que propiciaban la discusión fértil sobre la teoría y la técnica psicoanalítica entre sus pares. El trabajo clínico de Reich y su perseverancia anticonformista lo condujeron por sendas innovadoras que gestaron la formulación de una nueva teoría y su aplicación: el análisis del carácter, que toma como eje central el aspecto económico ya enunciado por Freud. Este enfoque analítico incorpora las actitudes corporales del paciente y realiza un trabajo sistemático con las resistencias.

Freud había establecido una división de las neurosis según su etiología fuera somática o psíquica. En las primeras, las neurosis actuales, la patología surgía como consecuencia de la energía libidinal no descargada; y en las psiconeurosis, por conflictos infantiles no resueltos. Reich las sintetizó a raíz de considerar que los conflictos psíquicos no son originados por las perturbaciones de la infancia sino por la carga asignada a ellos, por lo que la causa del síntoma neurótico es la estasis libidinal tanto en una como en la otra.

Reich lejos estaba de saber dónde lo conduciría su inquieta inteligencia puesta al servicio de las profundas razones que daban origen a la formación de las neurosis. La clínica le permitió comprobar que la cura de un paciente está irreductiblemente ligada a su economía sexual, manera en que regula su energía libidinal. Una vez logrado este objetivo, el interrogante próximo sobre cómo se mantiene el estado de salud psíquica lo situó frente a una meta terapéutica urticante para la psiquiatría ortodoxa: la potencia orgástica, esto es, la capacidad del organismo para acceder a la excitación y descarga plena de la libido estásica por medio de la entrega a las convulsiones involuntarias y placenteras en el momento del acmé.

En 1933 Europa continental le había cerrado la puerta a sus descubrimientos, como así también a sus aportes y serios compromisos en el ámbito sociopolítico. La Universidad de Noruega, a cambio de capacitación en la técnica de análisis del carácter, le ofreció el uso de sus laboratorios para continuar las investigaciones que lo desvelaban en ese momento: la constatación de la bioelectricidad que alimenta los procesos psíquicos. En 1937 publicó los resultados a los que había accedido. Lo que Freud había denominado libido y Reich bioelectricidad era una energía específica del organismo que, desde los plexos como nudos energéticos, se distribuye por todo el cuerpo en forma de corrientes plasmáticas y respondiendo a dos movimientos esenciales: la expansión y la contracción. Dichos movimientos pueden percibirse en el nivel psíquico, el más desarrollado, como sensaciones de placer-displacer; en el fisiológico responden a los sistemas parasimpático y simpático; y en el nivel más elemental, el biológico, se presentan bajo la antítesis sexualidad-angustia. La meta terapéutica de la potencia orgástica se completó con la del reflejo del orgasmo, capacidad del organismo de experimentar contracciones involuntarias en estado de reposo.

Con su descubrimiento de la fórmula tensión-carga, aplicable a todas las funciones involuntarias de la sustancia viva, Reich accedió a la fórmula de la vida misma que lo condujo al hallazgo de los biones, unidad energética desconocida hasta ese año (1939). El cultivo de biones dio pruebas irrefutables de la génesis de la vida, que inicia el proceso con la desintegración vesicular bionosa por calentamiento y putrefacción de materia orgánica. Las vesículas constituyen acúmulos que dan lugar a organismos unicelulares. Esta experiencia daba por tierra con la idea de “infección a través del aire”, sostenida por la ciencia.

Reich continuó trabajando con cultivos de biones y accidentalmente descubrió los biones de la arena, a los que llamó SAPA. Los mismos tenían un alto contenido energético, a tal punto que su presencia inmovilizaba células cancerosas. La radiación que emitían era de origen solar y por ende estaba en todas partes, y era la misma de los biones azules. Reich se encontraba en el umbral de descubrir la energía atmosférica; cuando lo consiguió, en 1940, la denominó orgón.

La evolución del conocimiento sobre la energía vital que nos anima superó los tradicionales límites de la psiquiatría para ingresar al ámbito de la medicina que va más allá de la cura según los síntomas. Con este criterio Reich abordó la enfermedad del cáncer como una patología del ordenamiento sistémico biológico, provocada por una perturbación del metabolismo energético a la que le dio el nombre de biopatía.

El enfoque terapéutico de la medicina tradicional no tiene en cuenta que el enfermo es una unidad psicofísica indisoluble inserta en un medio determinado. Por este olvido, los tratamientos se tornan superficiales y el trato para con el paciente es cada vez más deshumanizado. Dentro de las patologías más traumáticas el cáncer ocupa un lugar importante por diferentes razones. Ha resultado ser un proceso devastador y doloroso; el paciente es sometido a un arsenal de recursos de probada peligrosidad y, en este proceso, va escurriéndosele su humanidad.

La muerte de pares, a raíz de la enfermedad o del tratamiento del cáncer, fue la razón que me sensibilizó para la elección del tema biopatía del cáncer. Estas vivencias me llenaron de preguntas cuyas respuestas fui encontrando en Los Orgones–Centro de Estudios Orgonómicos para el Desplazamiento de Percepción, donde se facilitan los medios para comprender lo que ocurre en los procesos biopáticos y se accede al conocimiento de maneras más vitales de afrontarlos o prevenirlos.

DESARROLLO 

El organismo que tiene afectada su función vital de pulsación, es decir, la capacidad de carga y descarga energética de manera completa, comienza a generar condiciones que favorecen enfermedades biopáticas debido a que las células se van privando de oxigenación y nutrición. Éstas son perturbaciones patológicas del sistema nervioso autónomo, centro desde el cual se irradia la energía vital y cuyas manifestaciones biológicas son los impulsos y las sensaciones.

Las biopatías se diferencian por su origen de las enfermedades infecciosas y de los traumatismos, ya que su proceso se inicia con una alteración de la pulsación biológica. Las biopatías, a su vez, pueden dividirse en dos tipos: las cardiovasculares y las carcinomatosas. Reich selecciona el cáncer para su estudio porque en él se observan características esenciales de las biopatías: a) crecimiento de células, intoxicación y putrefacción; b) se lo vincula con traumas emocionales y perturbaciones sexuales; c) origina enfermedades secundarias como la anemia; y d) diferentes ramas de la medicina, endocrinólogos, nutricionistas y otros investigadores, se interesan en su estudio.

El principio funcional común sitúa el funcionamiento del hombre al mismo nivel que el de un organismo unicelular: la pulsación, ese movimiento rítmico y continuo de expansión y contracción, los unifica. Los movimientos pulsátiles se registran según los órganos de maneras diferentes, y por segundos están precedidos de movimientos de los nervios que pueden ser serpentinos, ondulatorios o bruscos. Esta concepción del sistema nervioso autónomo como no rígida fue introducida por Reich.

La enfermedad del cáncer viene antecedida por el encogimiento biopático, estado de contracción crónica que abarca todo el sistema nervioso autónomo y que se manifiesta por identidad funcional tanto en lo psíquico como en lo somático. Esta perturbación simpaticotónica se relaciona con el modo de regulación de la energía sexual. La energía libidinal estancada de manera crónica desencadena desde lo más superficial a lo más profundo la hipertonía muscular, es decir, las contracturas que bloquean el fluir bioenergético inhibiendo las corrientes plasmáticas. Subjetivamente se siente la desvitalización del organismo como “estar muerto en vida”. Las consecuencias inmediatas de la inhibición pulsátil se registran en la respiración interna de los órganos, en cuyos tejidos comienza a acumularse anhídrido carbónico. Según el investigador Otto Warburg, una célula que no está debidamente oxigenada provoca una alteración causal de la aparición del cáncer. Reich atribuye el origen del cáncer a una formación protozoaria, en la que la deficiencia de oxígeno es la antesala de la enfermedad.

La cronicidad de la estasis de energía altera el sistema pulsátil biológico, lo que desencadena síntomas psíquicos enraizados en lo somático. El abordaje terapéutico de la orgonomía atiende al origen de la enfermedad biopática carcinomatosa: el desorden pulsátil del sistema vegetativo, que se corresponde con un encogimiento en lo biofísico y un estado de resignación en lo psíquico. Para Reich, el tumor es el síntoma corolario de un proceso de debilitamiento energético que provoca un encogimiento progresivo del aparato vital.


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