Reich
le asignó movimiento al sistema nervioso: comprobó que no
se trata
de una red inmóvil por la que transita la energía vital,
sino que también
responde a las funciones elementales de
expansión-contracción. Esta
característica del sistema nervioso permite comprender los
síntomas que acusa
un paciente de cáncer: “el miedo
neurótico y la parálisis funcional, el miedo a la
caída y la atrofia de los
músculos, los espasmos y el trastorno biológico”[1].
La medicina
tradicional considera con liviandad estas muestras de parálisis
funcional y se
las atribuye a un no querer consciente. Reich sostiene que “está
perturbada la función de generación de impulsos
plasmáticos en el
núcleo biológico del organismo”[2].
El
tratamiento de la biopatía carcinomatosa y cardiovascular parte
de la
neurosis estásica como génesis del encogimiento
somático. Ambas biopatías
tienen una manera diferente de tramitar la energía: mientras el
enfermo de
cáncer es más bien tranquilo en lo emocional y resignado,
el hipertenso
cardíaco se enoja fácilmente. En el caso de este
último podemos deducir que la
excitación sexual sigue en pie y el organismo reacciona con una
contracción,
mientras que el primero reduce la producción de energía
debilitando la expresión
general y la manifestación de esto en lo caracterológico
es la resignación, la
falta de expectativas y de entusiasmo. Este aspecto psíquico no
siempre es
tenido en cuenta como luz de alerta por la medicina mecanicista, para
la cual no
existe enfermedad si los resultados de los estudios químicos y
radiológicos no
registran anomalía.
Una
vez más la relación psique-soma se despliega en la
biopatía de
encogimiento: en lo superficial comienza con una actitud de
resignación crónica,
y a medida que el proceso continúa se apodera del núcleo
biológico, esto es, de
la suma de las funciones plasmáticas celulares. El aparato vital
rodea al
núcleo biológico en capas de diferentes profundidades
(tal como ocurre en la
estratificación caracterológica), por lo que los
trastornos somáticos pueden
ser de distinto grado hasta alcanzar el máximo que son las
disfunciones
bioenergéticas a nivel celular en cuanto a la pulsación y
excitación vegetativa.
Con
respecto al origen de la célula cancerosa, Reich plantea una
visión
diferente. Según la medicina mecanicista, la célula se
desarrolla a partir de
tejidos sanos en los que algunas células alteran sus funciones
vitales normales
y comienzan a dividirse rápidamente formando acúmulos; es
entonces cuando se
detecta el tumor, cuyas células invasivas se distribuyen por
medio del torrente
sanguíneo. Reich se pregunta qué ocurrió en la
etapa intermedia, desde la
célula sana hasta la célula altamente destructiva. Hay
antecedentes orgánicos
que precipitan la aparición del cáncer: la
“predisposición” que describe la
medicina tradicional como una cuestión hereditaria
encontraría en esta visión
reichiana una explicación científica. Antes de que
aparezca la primera célula
cancerosa hay un proceso patológico en el tejido orgánico
en que se va a centrar
el tumor maligno (y también en el tejido próximo),
originado en la enfermedad
general del sistema nervioso autónomo que Reich denominó biopatía de encogimiento
carcinomatoso. Ésta es la verdadera patología que
abarca todo el
organismo, siendo el tumor el síntoma visible.
Partiendo
de la génesis del cáncer, el abordaje terapéutico
orgonómico se
va a diferenciar radicalmente del tratamiento que proporciona la
medicina
clásica, la cual se limita a combatir el tumor desde lo
somático. La
orgonterapia realiza observaciones de las conductas psíquicas
del paciente y
los controles físico-químicos se realizan sobre materia
viva, incluyendo no
sólo muestras de sangre sino también de otras excreciones
corporales no
incluidas habitualmente como el esputo. Además, las
observaciones microscópicas
son realizadas con aumentos mayores a 2000x, lo que permite observar el
movimiento energético celular.
Las
investigaciones realizadas por Reich con la energía
orgónica aportaron
–entre otros resultados– una nueva teoría sobre la
formación de protozoarios en
un organismo, refutando así la explicación ortodoxa de
los gérmenes del aire.
Esta teoría da fundamento a la idea de que la célula
cancerosa no es una célula
sana degenerada sino que es una nueva formación a partir de
tejido en
descomposición. Reich verifica que en el esputo de un enfermo de
cáncer existen
formaciones semejantes a amebas que no son “gérmenes del aire”,
puesto que en
el aire no existen tales amebas, y por lo tanto se han formado en el
pulmón
mismo.
Al
observar el mismo esputo con aumento superior a 2000x comprobó
la
presencia de los bacilos T, propios de
estados de putrefacción, que ya habían
sido identificados durante los experimentos con biones de carbón
en 1937 [3]. Los
bacilos T no llegaron al pulmón a partir del aire sino por
degeneración de los
tejidos, su desintegración y putrefacción. Además
de los bacilos T negros
encontró biones PA azules,
unidades orgonóticas intensamente cargadas,
contrariamente a los primeros que contienen muy poco orgón. Como
los biones fuertes
atraen a los débiles y les sustraen la carga, se explica que los
biones PA
puedan matar o inmovilizar a los bacilos T.
Haber
encontrado en el esputo de un enfermo de cáncer biones PA y
bacilos
T le permitió a Reich inferir que la célula cancerosa es
el producto de
procesos patológicos del tejido, que en primer lugar sufre una
putrefacción que
genera la formación de vesículas bionosas cuya
organización final la constituyen
los protozoarios. Una célula cancerosa se diferencia de una
célula sana en que
esta última, al ser sometida a calor intenso, no se desintegra
en bacilos T. El
contagio a los tejidos vecinos se produce por dos factores: por avance
del
tejido que ya tiene la enfermedad, y –principalmente– por “la
desintegración del tejido reblandecido de los alrededores”[4].
Así, el tejido
sano comienza el proceso de desintegración vesicular que
facilita el ingreso de
las células cancerosas.
En
1933 Reich completa su teoría de la economía sexual con
el enunciado
de la función biológica por antonomasia, la
fórmula del orgasmo, que resume en
cuatro tiempos el fenómeno del orgasmo: tensión
mecánica---carga eléctrica---descarga
eléctrica---relajación mecánica. Este ritmo de
cuatro tiempos también se cumple
en la división celular, y si el metabolismo energético de
la célula se ve
perturbado se gesta un estado de asfixia celular como resultado de la
energía
estancada.
La
inhibición respiratoria celular es la causa del proceso
biopático de
encogimiento que precede a la aparición del cáncer,
porque al dificultar la
respiración normal del plasma inhibe la función de carga
y descarga de orgón.
El núcleo de las células reacciona ante el encogimiento
del plasma por asfixia
con un aumento de mitosis; esta reacción tiene la función
de compensar la falta
que está generando la asfixia. Éste es el proceso que se
observa en los tejidos
cancerosos: “el tumor canceroso es la última
manifestación de una grave perturbación del equilibrio
orgonótico y de la
función unitaria del organismo provocadas por la impotencia
orgástica. Todo
esto es resultado de una rebelión de los núcleos
celulares contra los procesos
de asfixia y encogimiento que se cumplen en los correspondientes
plasmas. Esta
rebelión es la que da lugar al ‘salvaje crecimiento de
células’”[5].
El
fenómeno biopático de encogimiento tiene tres fases
típicas:
- Fase de
contracción, en la que se observa una incapacidad de
expansión en lo
corporal y una actitud de resignación en lo psíquico.
- Fase de
encogimiento, en la que hay pérdida
de masa corporal.
- Fase de
putrefacción, en la que los tejidos se descomponen ante la
falta de orgón.
Los
trastornos de la energía sexual en los organismos son el origen
de
procesos que concluyen en la aparición del síntoma
último: el tumor, cuya
extirpación no anula el proceso de putrefacción. La
terapia del cáncer para la
orgonomía consiste en combatir el proceso sistémico de
encogimiento y
putrefacción. El análisis físico de la sangre
permite un diagnóstico precoz del
cáncer porque el sistema sanguíneo es el primer sistema
afectado por la
contracción general. El grado de putrefacción se observa
en las características
de los eritrocitos: son más pequeños, con
pulsación débil, y el borde de orgón
es pálido. Con respecto a la difusión de los tumores
cancerosos –que la
medicina explica como células cancerosas que ingresan al
torrente sanguíneo y
se instalan en otros órganos formando metástasis–, Reich
considera que el
avance de las células cancerosas hacia otras partes del cuerpo
está en función
de las contracturas musculares y la disfunción biológica.
 |
[1] WILHELM REICH: “La
biopatía del
cáncer”. Ediciones Nueva
Visión. Buenos Aires,
1985, pág. 191.
[2]
Ídem,
pág. 192.
[4]
WILHELM REICH: “La biopatía del cáncer”. Ediciones Nueva
Visión. Buenos Aires,
1985, pág. 212.