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Aportes de la Orgonomía a la Medicina (cont.)
por Cristina García

Reich le asignó movimiento al sistema nervioso: comprobó que no se trata de una red inmóvil por la que transita la energía vital, sino que también responde a las funciones elementales de expansión-contracción. Esta característica del sistema nervioso permite comprender los síntomas que acusa un paciente de cáncer: “el miedo neurótico y la parálisis funcional, el miedo a la caída y la atrofia de los músculos, los espasmos y el trastorno biológico”[1]. La medicina tradicional considera con liviandad estas muestras de parálisis funcional y se las atribuye a un no querer consciente. Reich sostiene que “está perturbada la función de generación de impulsos plasmáticos en el núcleo biológico del organismo”[2].

El tratamiento de la biopatía carcinomatosa y cardiovascular parte de la neurosis estásica como génesis del encogimiento somático. Ambas biopatías tienen una manera diferente de tramitar la energía: mientras el enfermo de cáncer es más bien tranquilo en lo emocional y resignado, el hipertenso cardíaco se enoja fácilmente. En el caso de este último podemos deducir que la excitación sexual sigue en pie y el organismo reacciona con una contracción, mientras que el primero reduce la producción de energía debilitando la expresión general y la manifestación de esto en lo caracterológico es la resignación, la falta de expectativas y de entusiasmo. Este aspecto psíquico no siempre es tenido en cuenta como luz de alerta por la medicina mecanicista, para la cual no existe enfermedad si los resultados de los estudios químicos y radiológicos no registran anomalía.

Una vez más la relación psique-soma se despliega en la biopatía de encogimiento: en lo superficial comienza con una actitud de resignación crónica, y a medida que el proceso continúa se apodera del núcleo biológico, esto es, de la suma de las funciones plasmáticas celulares. El aparato vital rodea al núcleo biológico en capas de diferentes profundidades (tal como ocurre en la estratificación caracterológica), por lo que los trastornos somáticos pueden ser de distinto grado hasta alcanzar el máximo que son las disfunciones bioenergéticas a nivel celular en cuanto a la pulsación y excitación vegetativa.

Con respecto al origen de la célula cancerosa, Reich plantea una visión diferente. Según la medicina mecanicista, la célula se desarrolla a partir de tejidos sanos en los que algunas células alteran sus funciones vitales normales y comienzan a dividirse rápidamente formando acúmulos; es entonces cuando se detecta el tumor, cuyas células invasivas se distribuyen por medio del torrente sanguíneo. Reich se pregunta qué ocurrió en la etapa intermedia, desde la célula sana hasta la célula altamente destructiva. Hay antecedentes orgánicos que precipitan la aparición del cáncer: la “predisposición” que describe la medicina tradicional como una cuestión hereditaria encontraría en esta visión reichiana una explicación científica. Antes de que aparezca la primera célula cancerosa hay un proceso patológico en el tejido orgánico en que se va a centrar el tumor maligno (y también en el tejido próximo), originado en la enfermedad general del sistema nervioso autónomo que Reich denominó biopatía de encogimiento carcinomatoso. Ésta es la verdadera patología que abarca todo el organismo, siendo el tumor el síntoma visible.

Partiendo de la génesis del cáncer, el abordaje terapéutico orgonómico se va a diferenciar radicalmente del tratamiento que proporciona la medicina clásica, la cual se limita a combatir el tumor desde lo somático. La orgonterapia realiza observaciones de las conductas psíquicas del paciente y los controles físico-químicos se realizan sobre materia viva, incluyendo no sólo muestras de sangre sino también de otras excreciones corporales no incluidas habitualmente como el esputo. Además, las observaciones microscópicas son realizadas con aumentos mayores a 2000x, lo que permite observar el movimiento energético celular.

Las investigaciones realizadas por Reich con la energía orgónica aportaron –entre otros resultados– una nueva teoría sobre la formación de protozoarios en un organismo, refutando así la explicación ortodoxa de los gérmenes del aire. Esta teoría da fundamento a la idea de que la célula cancerosa no es una célula sana degenerada sino que es una nueva formación a partir de tejido en descomposición. Reich verifica que en el esputo de un enfermo de cáncer existen formaciones semejantes a amebas que no son “gérmenes del aire”, puesto que en el aire no existen tales amebas, y por lo tanto se han formado en el pulmón mismo.

Al observar el mismo esputo con aumento superior a 2000x comprobó la presencia de los bacilos T, propios de estados de putrefacción, que ya habían sido identificados durante los experimentos con biones de carbón en 1937 [3]. Los bacilos T no llegaron al pulmón a partir del aire sino por degeneración de los tejidos, su desintegración y putrefacción. Además de los bacilos T negros encontró biones PA azules, unidades orgonóticas intensamente cargadas, contrariamente a los primeros que contienen muy poco orgón. Como los biones fuertes atraen a los débiles y les sustraen la carga, se explica que los biones PA puedan matar o inmovilizar a los bacilos T.

Haber encontrado en el esputo de un enfermo de cáncer biones PA y bacilos T le permitió a Reich inferir que la célula cancerosa es el producto de procesos patológicos del tejido, que en primer lugar sufre una putrefacción que genera la formación de vesículas bionosas cuya organización final la constituyen los protozoarios. Una célula cancerosa se diferencia de una célula sana en que esta última, al ser sometida a calor intenso, no se desintegra en bacilos T. El contagio a los tejidos vecinos se produce por dos factores: por avance del tejido que ya tiene la enfermedad, y –principalmente– por “la desintegración del tejido reblandecido de los alrededores”[4]. Así, el tejido sano comienza el proceso de desintegración vesicular que facilita el ingreso de las células cancerosas.

En 1933 Reich completa su teoría de la economía sexual con el enunciado de la función biológica por antonomasia, la fórmula del orgasmo, que resume en cuatro tiempos el fenómeno del orgasmo: tensión mecánica---carga eléctrica---descarga eléctrica---relajación mecánica. Este ritmo de cuatro tiempos también se cumple en la división celular, y si el metabolismo energético de la célula se ve perturbado se gesta un estado de asfixia celular como resultado de la energía estancada.

La inhibición respiratoria celular es la causa del proceso biopático de encogimiento que precede a la aparición del cáncer, porque al dificultar la respiración normal del plasma inhibe la función de carga y descarga de orgón. El núcleo de las células reacciona ante el encogimiento del plasma por asfixia con un aumento de mitosis; esta reacción tiene la función de compensar la falta que está generando la asfixia. Éste es el proceso que se observa en los tejidos cancerosos: “el tumor canceroso es la última manifestación de una grave perturbación del equilibrio orgonótico y de la función unitaria del organismo provocadas por la impotencia orgástica. Todo esto es resultado de una rebelión de los núcleos celulares contra los procesos de asfixia y encogimiento que se cumplen en los correspondientes plasmas. Esta rebelión es la que da lugar al ‘salvaje crecimiento de células’”[5].


          El fenómeno biopático de encogimiento tiene tres fases típicas:
  • Fase de contracción, en la que se observa una incapacidad de expansión en lo corporal y una actitud de resignación en lo psíquico.
  • Fase de encogimiento, en la que hay pérdida de masa corporal.
  • Fase de putrefacción, en la que los tejidos se descomponen ante la falta de orgón.
    Los trastornos de la energía sexual en los organismos son el origen de procesos que concluyen en la aparición del síntoma último: el tumor, cuya extirpación no anula el proceso de putrefacción. La terapia del cáncer para la orgonomía consiste en combatir el proceso sistémico de encogimiento y putrefacción. El análisis físico de la sangre permite un diagnóstico precoz del cáncer porque el sistema sanguíneo es el primer sistema afectado por la contracción general. El grado de putrefacción se observa en las características de los eritrocitos: son más pequeños, con pulsación débil, y el borde de orgón es pálido. Con respecto a la difusión de los tumores cancerosos –que la medicina explica como células cancerosas que ingresan al torrente sanguíneo y se instalan en otros órganos formando metástasis–, Reich considera que el avance de las células cancerosas hacia otras partes del cuerpo está en función de las contracturas musculares y la disfunción biológica.

[1] WILHELM REICH: “La biopatía del cáncer”. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 1985, pág. 191.

[2] Ídem, pág. 192.

[3] El nombre “bacilos T” proviene del alemán Todes bacilli (bacilos de la muerte).

[4] WILHELM REICH: “La biopatía del cáncer”. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 1985, pág. 212.

[5] Ídem, pág. 221.

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