boton  Información, Links y Artículos
. Artículos de interés

volver volver

Aportes de la Orgonomía a la Medicina (cont.)
por Cristina García

Los estudios tradicionales sobre el cáncer también centraban su atención sobre el enigma de si la aparición del tumor estaba o no precedida de un “algo” que lo desencadenaba. Las investigaciones de R. Kraus concluían que las células cancerosas se originaban en “gránulos” pequeños, lo que coincidiría con la teoría de Reich sobre la desintegración vesicular. La hipótesis propuesta por otro estudioso dentro de la patología clásica, Blumenthal (1934), le atribuye la etiología del cáncer a un agente que transforma las células sanas en células cancerosas. Los bacilos T y este agente tienen características comunes; la diferencia estriba en que los bacilos T son sólo el estímulo para que se produzca la transformación, puesto que el crecimiento de las células cancerosas en forma autónoma proviene de la desintegración vesicular.

Los procesos inflamatorios crónicos y las lesiones graves de tejidos pueden ocasionar la génesis de bacilos T y estimular el crecimiento de células cancerosas, pero este hecho está condicionado estructuralmente por la naturaleza defensiva del tejido: la potencia orgonótica, que no es una cuestión ni hereditaria ni mística sino funcional ligada a la motilidad emocional del biosistema.

Cuando Reich encontró que los bacilos T también estaban en los tejidos de personas que no padecían cáncer, pudo inferir: “El individuo sano no se distingue del enfermo de cáncer por la ausencia de los bacilos T sino por la potencia orgonótica del organismo, es decir, por la capacidad de eliminar los bacilos T existentes y por el grado de la tendencia de tejidos y células sanguíneas a desintegrarse en bacilos T […]  De modo que la disposición al cáncer está determinada por la resistencia biológica de la sangre y de los tejidos a la putrefacción. Y esa resistencia biológica, a su vez, está determinada por el contenido de orgón de la sangre y de los tejidos, es decir, por la potencia orgonótica del organismo.”[1]

Reich, mediante experimentos con ratas, pudo inducir el desarrollo de un tumor maligno partiendo de la inoculación de bacilos T extraídos de sujetos libres de cáncer, hecho que demostró fehacientemente que la célula cancerosa se constituye como defensa contra la infección de los bacilos T y no es la enfermedad en sí.

En un organismo la presencia de bacilos T azuza la reacción de los biones PA; pero si éstos no tienen una potente carga orgonótica crean acúmulos que se organizan en protozoarios, y entre ellos están las células cancerosas, que no son la causa de la muerte sino que se desintegran en bacilos T que provocan una putrefacción e intoxicación general de la sangre.

Reich no niega la cuestión de la herencia familiar en relación a la enfermedad del cáncer, pero la circunscribe evitando generalizaciones que ignoran los factores sexuales, sociales, etc. Desde lo caracterológico se observa una clara influencia de la educación en la infancia por identificación y también inhibiciones sexuales tempranas. Por lo tanto un rasgo biopático es adquirido, no innato. Un niño gestado en un cuerpo enfermo de cáncer estará infectado con bacilos T, que pueden o no desarrollarse. El espasmo de útero y la inhibición respiratoria de una mujer grávida dejará secuelas en la formación fetal, pero esto no es atribuible a la herencia sino a los factores sociales que obstaculizan la gratificación sexual. Las hipótesis mecanicistas y místicas sobre la herencia limitan el desarrollo de las investigaciones; Reich no se detuvo sino que indagó en la línea de las ciencias naturales en procura de respuestas más alentadoras para prevenir el cáncer.

 

orgonterapia:

La pulsación como principio funcional común unifica el fenómeno vital en los movimientos de expansión y contracción presentes en cada célula y en el organismo como un todo. La salud es consecuencia de la pulsación plena en todos los órganos según el ritmo placer-angustia. En el metabolismo energético de la sustancia viva la expansión está representada por los biones PA y la contracción por los bacilos T, cuya producción se incrementa por una intensificación de la contracción. Los biones PA, por su carga de orgón, los neutralizan previniendo la putrefacción.

Habiendo descubierto la función de los biones PA y los bacilos T, a la orgonterapia le restaba generar la condiciones para que la reacción B –es decir, la aniquilación de los bacilos T por parte de los biones PA– se impusiera sobre la reacción T que impulsa la formación de células cancerosas como defensa contra esos bacilos generados por la contracción y encogimiento biopáticos. Por lo tanto, la meta de la orgonterapia es “la supresión de la contracción crónica y el estímulo de la expansión”[2]. Esta transformación profunda del sistema vital autónomo tiende al establecimiento de una pulsación ordenada que va a invalidar la reacción T en todo el organismo, devolviéndole potencia a los biones PA.

Si bien Reich había llevado a cabo múltiples experimentos con ratas en el tratamiento del cáncer con biones PA, no fue hasta el descubrimiento de los biones SAPA que comenzó el tratamiento del cáncer con orgonterapia. Ya en Estados Unidos en 1939 los resultados no eran muy alentadores: si bien el tumor se reducía o desaparecía con inyecciones de biones SAPA, pronto volvía a aparecer. Buscando la razón de este proceso negativo descubrió que los biones SAPA desaparecían una vez que transferían su carga energética a los glóbulos rojos, los cuales se ocupaban de la curación del tumor; es decir que los glóbulos rojos orgonóticamente cargados eran el factor curativo. Pero por otra parte las inyecciones de biones también dañaban a las ratas; lo mismo ocurre con muchas drogas que por un lado calman el dolor y por otro dañan el aparato vital autónomo, o sea, “deprimen en lugar de estimular las funciones vitales”[3].

Reich utilizó varios métodos para la aplicación de orgón, que le revelaron importantes propiedades de la sangre en relación con la energía orgónica y los tumores. El método más exitoso fue la inyección de eritrocitos cargados de orgón por acción de los biones SAPA, lo que provocaba que el tumor se desintegrara en cuerpos T, la anemia disminuyera y la reacción B reemplazara a la reacción T. La supervivencia media de las ratas tratadas fue de 2,5 veces mayor que la de las no tratadas. Aunque los resultados fueron buenos, no se los podía considerar para hablar de una terapia radical del cáncer; sin embargo, las expectativas con la aplicación del tratamiento a seres humanos eran auspiciosas. Aún así no se había podido descubrir la manera de eliminar el material muerto una vez destruido el tumor. Muchas ratas morían, no por efecto del tumor o la intoxicación T, sino por la obstrucción de los conductos renales y los vasos linfáticos o por un excesivo agrandamiento del hígado y el bazo (órganos ambos que eliminan el detrito).

Una vez descubierto el orgón atmosférico en 1940, Reich construyó los acumuladores de orgón y comenzó a experimentar con ratas: los resultados fueron sorprendentemente positivos. Los acumuladores de orgón son cajas con revestimiento exterior de material orgánico (por ejemplo, madera) y metal en su interior. La función de lo orgánico es atraer la energía atmosférica, mientras que el metal la refracta hacia el interior de la caja. Según el principio de la física orgónica, un sistema más fuerte atrae la energía de uno más débil y le extrae su carga: el sujeto enfermo ubicado dentro del gabinete absorbe la energía allí almacenada.

La experiencia con ratas y el acumulador de orgón permitió inferir que la vida media de una persona enferma de cáncer podía prolongarse 20 años si era tratada con estos métodos. “El acumulador de orgón produce excitación vagotónica del organismo y carga la sangre de orgón, con lo cual aumenta la resistencia del organismo contra las enfermedades. Por eso se convertirá en un instrumento indispensable en la lucha contra aquellas enfermedades que consisten en una reducción de la reacciones de defensa biológica del organismo y en una contracción del aparato vital.”[4]

 

CONCLUSIONES

Wilhelm Reich había aspirado a que sus descubrimientos se aplicaran de manera masiva porque era la forma de combatir estructuralmente las biopatías que impiden el desarrollo armónico del individuo. Lamentablemente sus ideales aún hoy permanecen en el rango de utopías.

Reich puede ser considerado un precursor dentro del campo específico de la medicina porque desde su búsqueda psicoanalítica, que fue transformándose a medida que se internaba más profundamente en las ciencias naturales, la física y la química, concibió un criterio de salud holístico. La vida anímica se urde en lo corporal desde los mismos movimientos protoplasmáticos. Es el ritmo de la pulsación biológica el que imprime el sello de salud o enfermedad al individuo.

    BIBLIOGRAFÍA 

- WILHELM REICH: La biopatía del cáncer. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 1985.

- OLA RAKNES: Wilhelm Reich y la Orgonomía. Publicaciones Orgón, Escuela Española de Terapia Reichiana (EsTeR). Valencia, 1990.

- Módulos del Curso de Introducción a la Orgonomía. Editados por Los Orgones–Centro de Estudios Orgonómicos para el Desplazamiento de la Percepción. Córdoba, 2009.

[1] Ídem, pág. 263-264..

[2] Ídem, pág. 273.

[3] Ídem, pág. 280.

[4] Ídem, pág. 383.
volver volver