Los
estudios tradicionales sobre el cáncer también centraban
su atención
sobre el enigma de si la aparición del tumor estaba o no
precedida de un “algo”
que lo desencadenaba. Las investigaciones de R. Kraus concluían
que las células
cancerosas se originaban en “gránulos” pequeños, lo que
coincidiría con la
teoría de Reich sobre la desintegración vesicular. La
hipótesis propuesta por
otro estudioso dentro de la patología clásica, Blumenthal
(1934), le atribuye
la etiología del cáncer a un agente que transforma las
células sanas en células
cancerosas. Los bacilos T y este agente tienen características
comunes; la
diferencia estriba en que los bacilos T son sólo el
estímulo para que se
produzca la transformación, puesto que el crecimiento de las
células cancerosas
en forma autónoma proviene de la desintegración
vesicular.
Los
procesos inflamatorios crónicos y las lesiones graves de tejidos
pueden ocasionar la génesis de bacilos T y estimular el
crecimiento de células
cancerosas, pero este hecho está condicionado estructuralmente
por la
naturaleza defensiva del tejido: la potencia orgonótica, que no
es una cuestión
ni hereditaria ni mística sino funcional ligada a la motilidad
emocional del
biosistema.
Cuando
Reich encontró que los bacilos T también estaban en los
tejidos de
personas que no padecían cáncer, pudo inferir: “El individuo sano no se distingue del enfermo de
cáncer por la ausencia
de los bacilos T sino por la potencia orgonótica del organismo,
es decir, por
la capacidad de eliminar los bacilos T existentes y por el grado de la
tendencia de tejidos y células sanguíneas a desintegrarse
en bacilos T […] De modo que la
disposición al cáncer está
determinada por la resistencia biológica de la sangre y de los
tejidos a la
putrefacción. Y esa resistencia biológica, a su vez,
está determinada por el
contenido de orgón de la sangre y de los tejidos, es decir, por
la potencia
orgonótica del organismo.”[1]
Reich,
mediante experimentos con ratas, pudo inducir el desarrollo de un
tumor maligno partiendo de la inoculación de bacilos T
extraídos de sujetos
libres de cáncer, hecho que demostró fehacientemente que
la célula cancerosa se
constituye como defensa contra la infección de los bacilos T y
no es la
enfermedad en sí.
En
un organismo la presencia de bacilos T azuza la reacción de los
biones
PA; pero si éstos no tienen una potente carga orgonótica
crean acúmulos que se
organizan en protozoarios, y entre ellos están las
células cancerosas, que no
son la causa de la muerte sino que se desintegran en bacilos T que
provocan una
putrefacción e intoxicación general de la sangre.
Reich
no niega la cuestión de la herencia familiar en relación
a la
enfermedad del cáncer, pero la circunscribe evitando
generalizaciones que
ignoran los factores sexuales, sociales, etc. Desde lo
caracterológico se
observa una clara influencia de la educación en la infancia por
identificación y
también inhibiciones sexuales tempranas. Por lo tanto un rasgo
biopático es
adquirido, no innato. Un niño gestado en un cuerpo enfermo de
cáncer estará
infectado con bacilos T, que pueden o no desarrollarse. El espasmo de
útero y
la inhibición respiratoria de una mujer grávida
dejará secuelas en la formación
fetal, pero esto no es atribuible a la herencia sino a los factores
sociales
que obstaculizan la gratificación sexual. Las hipótesis
mecanicistas y místicas
sobre la herencia limitan el desarrollo de las investigaciones; Reich
no se
detuvo sino que indagó en la línea de las ciencias
naturales en procura de
respuestas más alentadoras para prevenir el cáncer.
orgonterapia:
La
pulsación como principio funcional común unifica el
fenómeno vital en
los movimientos de expansión y contracción presentes en
cada célula y en el organismo
como un todo. La salud es consecuencia de la pulsación plena en
todos los
órganos según el ritmo placer-angustia. En el metabolismo
energético de la
sustancia viva la expansión está representada por los
biones PA y la
contracción por los bacilos T, cuya producción se
incrementa por una
intensificación de la contracción. Los biones PA, por su
carga de orgón, los
neutralizan previniendo la putrefacción.
Habiendo
descubierto la función de los biones PA y los bacilos T, a la
orgonterapia le restaba generar la condiciones para que la
reacción B –es decir,
la aniquilación de los bacilos T por parte de los biones PA– se
impusiera sobre
la reacción T que impulsa la formación de células
cancerosas como defensa
contra esos bacilos generados por la contracción y encogimiento
biopáticos. Por
lo tanto, la meta de la orgonterapia es “la
supresión de la contracción crónica y el
estímulo de la expansión”[2]. Esta
transformación profunda del sistema vital autónomo tiende
al establecimiento de
una pulsación ordenada que va a invalidar la reacción T
en todo el organismo,
devolviéndole potencia a los biones PA.
Si
bien Reich había llevado a cabo múltiples experimentos
con ratas en el
tratamiento del cáncer con biones PA, no fue hasta el
descubrimiento de los
biones SAPA que comenzó el tratamiento del cáncer con
orgonterapia. Ya en
Estados Unidos en 1939 los resultados no eran muy alentadores: si bien
el tumor
se reducía o desaparecía con inyecciones de biones SAPA,
pronto volvía a
aparecer. Buscando la razón de este proceso negativo
descubrió que los biones
SAPA desaparecían una vez que transferían su carga
energética a los glóbulos
rojos, los cuales se ocupaban de la curación del tumor; es decir
que los
glóbulos rojos orgonóticamente cargados eran el factor
curativo. Pero por otra
parte las inyecciones de biones también dañaban a las
ratas; lo mismo ocurre
con muchas drogas que por un lado calman el dolor y por otro
dañan el aparato
vital autónomo, o sea, “deprimen en lugar
de estimular las funciones vitales”[3].
Reich
utilizó varios métodos para la aplicación de
orgón, que le revelaron
importantes propiedades de la sangre en relación con la
energía orgónica y los
tumores. El método más exitoso fue la inyección de
eritrocitos cargados de orgón
por acción de los biones SAPA, lo que provocaba que el tumor se
desintegrara en
cuerpos T, la anemia disminuyera y la reacción B reemplazara a
la reacción T. La
supervivencia media de las ratas tratadas fue de 2,5 veces mayor que la
de las
no tratadas. Aunque los resultados fueron buenos, no se los
podía considerar para
hablar de una terapia radical del cáncer; sin embargo, las
expectativas con la
aplicación del tratamiento a seres humanos eran auspiciosas.
Aún así no se
había podido descubrir la manera de eliminar el material muerto
una vez
destruido el tumor. Muchas ratas morían, no por efecto del tumor
o la
intoxicación T, sino por la obstrucción de los conductos
renales y los vasos
linfáticos o por un excesivo agrandamiento del hígado y
el bazo (órganos ambos que
eliminan el detrito).
Una
vez descubierto el orgón atmosférico en 1940, Reich
construyó los acumuladores
de orgón y comenzó a experimentar con ratas: los
resultados fueron
sorprendentemente positivos. Los acumuladores de orgón son cajas
con
revestimiento exterior de material orgánico (por ejemplo,
madera) y metal en su
interior. La función de lo orgánico es atraer la
energía atmosférica, mientras
que el metal la refracta hacia el interior de la caja. Según el
principio de la
física orgónica, un sistema más fuerte atrae la
energía de uno más débil y le
extrae su carga: el sujeto enfermo ubicado dentro del gabinete absorbe
la
energía allí almacenada.
La
experiencia con ratas y el acumulador de orgón permitió
inferir que la
vida media de una persona enferma de cáncer podía
prolongarse 20 años si era
tratada con estos métodos. “El acumulador
de orgón produce excitación vagotónica del
organismo y carga la sangre de
orgón, con lo cual aumenta la resistencia del organismo contra
las
enfermedades. Por eso se convertirá en un instrumento
indispensable en la lucha
contra aquellas enfermedades que consisten en una reducción de
la reacciones de
defensa biológica del organismo y en una contracción del
aparato vital.”[4]
CONCLUSIONES
Wilhelm
Reich había aspirado a que sus descubrimientos se aplicaran de
manera masiva porque era la forma de combatir estructuralmente las
biopatías que
impiden el desarrollo armónico del individuo. Lamentablemente
sus ideales aún
hoy permanecen en el rango de utopías.
Reich
puede ser considerado un precursor dentro del campo específico
de
la medicina porque desde su búsqueda psicoanalítica, que
fue transformándose a
medida que se internaba más profundamente en las ciencias
naturales, la física
y la química, concibió un criterio de salud
holístico. La vida anímica se urde
en lo corporal desde los mismos movimientos protoplasmáticos. Es
el ritmo de la
pulsación biológica el que imprime el sello de salud o
enfermedad al individuo.
BIBLIOGRAFÍA
-
WILHELM REICH: La
biopatía del cáncer. Ediciones Nueva Visión.
Buenos Aires, 1985.
- OLA
RAKNES: Wilhelm
Reich y la Orgonomía. Publicaciones Orgón, Escuela
Española de Terapia
Reichiana (EsTeR). Valencia, 1990.
- Módulos
del Curso de Introducción a la Orgonomía. Editados
por Los Orgones–Centro
de Estudios Orgonómicos para el Desplazamiento de la
Percepción. Córdoba, 2009.