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Aportes de la Orgonomía a la Filosofía (cont.)
por Sheila M. Migliavacca

“Estas experiencias y observaciones acerca de las manifestaciones bioeléctricas de la sexualidad y de la sensibilidad orgánica conducen a Reich a descubrir procesos de energía fuera del organismo humano, por ejemplo, en los biones. Los biones son corpúsculos que define como ‘vesículas cargadas de energía’, especie de moléculas de bioenergía.

De esta manera, la formación espontánea de biones a partir de materiales orgánicos e inorgánicos, la similitud que descubre entre los biones y la energía emitida por el sol, el fenómeno constante de ‘carga y descarga’ de energía en diferentes ámbitos de investigación (ser humano, animales, vegetales, atmósfera), la producción de un campo energético de luminosidad azulada que observa con el microscopio, son algunos de los sorprendentes descubrimientos que orientan a Reich hacia la hipótesis de la existencia de una energía biológica universal  y omnipresente.

Esta energía biológica específica era diferente a la estudiada por la física clásica (eléctrica, magnética, estática) y no era posible considerarla limitada a la materia viviente.

Reich bautiza esta energía con el nombre de ORGÓN, comprueba su existencia en la atmósfera y declarará que se encuentra en todas partes, es universal, omnipresente; el universo en su totalidad está inmerso en un océano de energía orgón cósmica’.

Preocupado por su demostración, alrededor de 1940 Reich expresa: La energía orgónica puede demostrarse en forma visual, térmica y electroscópica en la tierra, en la atmósfera y en los organismos vegetales y animales.

Con el fin de revelar la existencia del orgón, construye una serie de instrumentos capaces de concentrar, manipular y hacer perceptible dicha energía, entre ellos el orgonoscopio, el acumulador de orgón y el cloudbuster.” [1]

Al conocer en profundidad las características y principios de esta energía, comenzó a aplicar la orgonterapia, que es la fusión de las terapias anteriores (análisis del carácter, vegetoterapia caractero-analítica) pero desde esta visión energética y con el uso de los acumuladores de orgón.

Todos estos descubrimientos se debieron a la aplicación consecuente de la técnica de pensamiento funcional, un nuevo ámbito funcional de pensamiento opuesto al ámbito místico-mecanicista de nuestra civilización.
 

Técnica de pensamiento funcional.

El pensamiento funcional es una técnica de pensamiento desarrollada por Wilhelm Reich, que se basa en la observación del funcionalismo de la naturaleza y que orienta la investigación clínica y experimental. El principio guía del funcionalismo es el de la identidad de variaciones en el principio funcional común: el funcionalismo orgonómico, además de ver una interrelación de funciones, busca una tercera relación funcional común y más profunda.

Esta lógica unificación de dos funciones en un tercer principio de funcionamiento común permite que, a medida que se avanza en las comprensiones, todas las funciones existentes se vuelvan más simples, más claras. Por ejemplo, el principio de funcionamiento común en el animal y la planta es el bion; si se sigue con este método, se encontrarán cada vez más factores comunes y más profundamente enraizados, tales como el funcionamiento común de los biones obtenidos de materia orgánica en comparación con los biones obtenidos de materia inorgánica. [También, como ejemplos, ver los diagramas de este trabajo].

La técnica de pensamiento funcional creció en el curso del estudio de la formación del carácter humano y llevó a Reich al descubrimiento de la energía orgónica organísmica y cósmica, con lo cual demostró ser el correcto reflejo de los procesos naturales básicos tanto vivientes como no-vivientes.

Para Reich, la función de la vida constituye la base de la actividad vital y de la investigación natural; es la herramienta con la que nos percibimos y comprendemos a nosotros mismos y a la naturaleza que nos rodea. La pauta de esta técnica no es la materia ni la estructura, sino el movimiento y los procesos energéticos.

La técnica funcional de pensamiento ha sido aplicada por varios pensadores y estudiosos más o menos conscientemente, algo que Reich mismo ha reconocido. Ellos son: Coster, Dostoievsky, Lange, Nietzsche, Morgan, Darwin, Engels, Semon, Bergson, Freud, Malinowski, entre otros.

Al conocimiento se puede acceder de distintos modos. En la civilización místico-mecanicista en la cual estamos insertos el acceso al conocimiento se hace en forma disociada, es decir, el conocimiento del objeto por un lado y el sujeto que conoce por el otro. El mecanicismo establece un contacto intelectual que separa al sujeto del objeto y se centra en el objeto. El misticismo cree fervientemente, pero no hace contacto con el objeto. El método mecanicista no busca la verdad sino la legitimidad. La legitimidad es dada por el método, que es un conjunto de conocimientos compartidos y que define la inclusión o exclusión de un contenido. La función del método es preservar la teoría como saber compartido, y lo hace a través de un lenguaje unívoco. La injerencia del sujeto, del observador, es acotada y limitada a medida que la tecnología facilita nuevos instrumentos.

El pensamiento funcional, por el contrario, contacta sujeto y objeto para llegar al conocimiento. Es un proceso energético de contacto del sujeto con el objeto de estudio (teoría, hecho, cosa). Para ello, hay una primera aproximación sujeto-objeto a nivel sensorial. La tolerancia a las sensaciones (el movimiento) que el objeto genera permite la transcripción al símbolo en una unidad funcional.

El ser humano percibe su medio ambiente y a sí mismo a través de sus sensaciones. La sensación es el único medio a través del cual el organismo vivo se conecta al mundo circundante; por lo tanto, el tipo de sensaciones determina el tipo de percepción y de juicios. La diferencia esencial en la manera de percibir se establece entre el organismo acorazado y el desacorazado.

El pensamiento funcional, explicado por Reich en su obra “El éter, Dios y el diablo”, se encuentra sistematizado en “La forma humana” (Díaz Goldfarb, Luque) de la siguiente manera:

Para el pensamiento funcional, el instrumento fundamental de investigación es la observación directa y la sensación; además, hace de esta última uno de sus objetos centrales de estudio. Este método busca llegar a la verdad.

            Lo primero es no alterar el objeto de estudio:

  • el fenómeno debe considerarse en forma unitaria, tal como se da en la observación directa;
  • se deben evitar factores que condicionen la experiencia (por ejemplo, debe considerarse que los resultados del estudio de un animal muerto son diferentes a los del estudio de un animal vivo).

La segunda característica es la búsqueda de un principio común. En las interrelaciones entre funciones busca un tercer término común y más profundo, que expresa una relación funcional. Focaliza en los rasgos comunes, los cuales nos conducen a un origen común que apunta a lo histórico y genético de ambos términos: el principio funcional.

La búsqueda del principio común sigue una secuencia que parte de los hechos, de los cuales toma en consideración los rasgos comunes; éstos son reducidos a un principio común, que responde a procesos de energía, y los procesos de energía son comprendidos en términos de una ley funcional de la naturaleza. No se trata de inferencias lógicas ni de un razonamiento que va de lo general a lo particular, sino que busca principios más abarcadores.

Los movimientos son consecuencia de procesos energéticos y toda forma, todo hecho, todo trazo común es resultado de un movimiento. El proceso energético es observable en el movimiento; por eso el pensamiento funcional se basa en la observación directa. Estas relaciones funcionales, que tienen su origen en principios energéticos, son percibidas y no deducidas.

Como hay diferencias perceptivas entre las personas, es muy importante la tercera característica. Hablamos de la injerencia del estado psicofísico del observador en las observaciones. El organismo desacorazado se percibe a sí mismo como una unidad en movimiento, y ello le da la posibilidad de percibir interconexiones funcionales. Si la percepción es fragmentada (acorazamiento), no se percibe la unidad y sólo se tiene una visión del mundo focalizada en las diferencias, en la discriminación.

Si aceptamos esto, debemos abandonar el dogma filosófico de la separación del sujeto y el objeto, pues el sujeto sólo puede percibir en el objeto aquello que percibe en sí mismo. Si se percibe a sí mismo como unidad, encontrará rasgos comunes e interconexiones; si se percibe como un conjunto de fragmentos, destacará las diferencias. Para Reich, el sujeto y el objeto constituyen una unidad funcional, y toda percepción se basa en la correspondencia entre una función dentro del organismo y una función en el medio externo. La percepción es fruto de esta correspondencia, que denomina armonía orgonótica.

Toda autopercepción es expresión inmediata de procesos objetivos del organismo. La unidad o fragmentación pertenecen al plano de los procesos energéticos, esto es, a la pulsación plasmática, que define la forma del movimiento del organismo. La percepción de un individuo sólo puede acceder a aquellos aspectos de lo real en armonía orgonótica con su estado psicofísico (o estado de acorazamiento).

Para cada uno de nosotros percepción es realidad. Lo nuevo –el descubrimiento– sólo puede ingresar como consecuencia de una transformación perceptiva, y ésta sólo surge como consecuencia de una transformación plasmática del organismo.

El método orgonómico depende de las capacidades perceptivas del observador: la estructura psicofísica y el estado de acorazamiento del observador determinarán sus posibilidades de aplicación.

En resumen, el método de la orgonomía es el pensamiento funcional, cuyo eje central gira en torno del proceso de transformación perceptiva ligado al desacorazamiento.


Animismo, misticismo, mecanicismo. Funcionalismo.

Con la perspectiva que dan los años, Reich dice que al haber evaluado y tratado por tres décadas gente de todos los estratos sociales y culturales se ha ganado el derecho de introducir un nuevo punto de vista para delimitar el campo del innecesario errar humano.

Él mismo reconoce sus propios errores y cómo los defendió con convicción, pero no se instaló en ellos sino que se mantuvo en movimiento y siguió obstinadamente en la búsqueda de la verdad. Considera que puede haber errores necesarios, pero se pregunta por qué la intolerancia y la crueldad: “La creencia de que la tierra estaba fija en el espacio fue un error necesario, arraigado en la ignorancia de las leyes naturales. ¿Pero fue un error igualmente necesario quemar a Giordano Bruno en una estaca y encarcelar a Galileo?” [2]. No podemos encontrar bases racionales para estos hechos. El errar humano innecesario es una característica patológica del carácter humano y de su acorazamiento biológico. El hombre no puede pensar ni hacer nada que de alguna manera no esté enraizado en su estructura biofísica. El aparato biofísico del hombre es el medio a través del cual todas las funciones internas y externas tienen que pasar antes de convertirse en pensamientos o actos.

Cualquiera que intente rastrear el error que atraviesa todo pensamiento debería primero preguntarse si la propia perspectiva conceptual es infalible; para ello debe haber una necesaria autocrítica y cada uno debe revisar sus percepciones sensoriales y su sistema conceptual.

La visión primitiva de la vida emocional no era mística, como lo es nuestra visión hoy en día: era animista. El animismo es el conjunto de creencias que afirman que todo ser natural está vivificado por un espíritu o alma. Reich sostiene que la naturaleza era considerada como “animada”, pero tal animación se derivaba de las propias sensaciones y experiencias reales del hombre. Los espíritus tenían forma humana, el sol y las estrellas actuaban como gente viva. Las almas de los muertos continuaban viviendo en animales. El animismo adscribía funciones reales a objetos reales a los que no pertenecían. Colocaba su propia realidad a una realidad ajena, es decir, proyectaba. El hombre primitivo animaba la naturaleza con sus propias sensaciones y funciones; la animaba, pero no la mistificaba.

El proceso de animar el mundo circundante es el mismo tanto en el caso del primitivo animista como en el del místico. Ambos animan la naturaleza proyectando sus sensaciones corporales. La diferencia es que el animismo proyecta sensaciones de órgano naturales, no distorsionadas, mientras que el misticismo proyecta sensaciones pervertidas, antinaturales. Por ejemplo, el animismo da por sentada la existencia de un alma en una nube o el sol, lo cual no es correcto, pero no intenta forzar la forma y función de tales objetos naturales; en cambio, un demonio o un ángel ya no corresponden a ninguna realidad, ni en forma ni en función. La única realidad de esta clase de animación mística es la sensación de órgano distorsionada del hombre acorazado. La iglesia cristiana sustituyó el animismo orientado hacia la naturaleza por un misticismo alejado de la vida y la naturaleza.

[1] Revista Orur Siglo XXI. Año 3, Nº 36.
[2] WILHELM Reich: “El éter, Dios y el diablo”.
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