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Aportes de la Orgonomía a la Filosofía (cont.)
por Sheila M. Migliavacca

La ciencia natural de la antigüedad, correctamente orientada en sus juicios hasta el presente, no partió de problemas materiales sino de problemas funcionales que no excluían la sensación. Toda mente científica se daba cuenta de que era sólo nuestra propia sensación de los procesos en nosotros mismos y fuera de nosotros la que contenía el acceso a los secretos más profundos de la naturaleza. La sensación es el tamiz a través del cual se perciben los estímulos internos y externos; forma el puente entre el yo y el mundo exterior. Desde este punto de vista, podemos hacer las siguientes comparaciones:


El mecanicista no entiende los procesos emocionales; éstos son ajenos y extraños como objeto de investigación.

 

 

No puede negar las sensaciones y no puede comprenderlas.

 

 

 

Es una persona acorazada y rígida, que piensa en forma mecanicista, produce herramientas mecanicistas y se forma una concepción mecanicista de la naturaleza.

 

El médico mecanicista desconoce la función somática de las emociones; las enfermedades funcionales son enfermedades “imaginarias”.

El místico se basa en el concepto de una autonomía sobrenatural de las emociones y sensaciones; éstas son algo irreal y más allá de este mundo.

 

Está basado en un bloqueo de las sensaciones, y cuando éstas reaparecen tiene la percepción patológica de “poderes sobrenaturales”.

 

Es una persona acorazada, que siente las excitaciones orgonóticas de su cuerpo a pesar de su rigidez biológica pero no las entiende. No conoce ninguna conexión entre lo físico y lo emocional.

 

Para el místico, un alma vive en el cuerpo; cuerpo y alma son ámbitos rígidamente separados aunque interrelacionados.

El funcionalista incluye las emociones en el ámbito de la investigación científica natural.

 

 

 

La sensación misma es el objetivo de la investigación científica.

 

 

 

Hay una identidad funcional en la unidad de psique y soma, de emoción y excitación.

 

 

 

El médico orientado funcionalmente, el orgonterapeuta, conoce la importancia y valora la función somática de las emociones; entiende por qué alguien puede “morir de pena”.


Las posturas filosóficas del mecanicismo y el misticismo han ahogado lo que está vivo en el ser humano, lo han acorazado de tal manera que la naturaleza viva dejó de estar en armonía con las funciones reales de la vida; perdió la vitalidad del movimiento. El rígido mecanicista considera al organismo como una máquina esencialmente complicada. El místico traslada el movimiento de la vida al más allá (lo sobrenatural) en la teoría y con frecuencia también en la práctica.

El mecanicismo y el misticismo se combinan para formar una imagen divisiva de la vida, con un cuerpo con sustancias químicas y una jerarquía de los órganos por un lado y una mente o alma por el otro.

La protección de la vida requiere del pensamiento funcional como guía en este mundo lleno de “filosofías” clásicas y antiguas acerca de la vida, el estado, los valores absolutos, el espíritu universal. Dichas filosofías, tanto el mecanicismo como el misticismo, han degenerado en una civilización contradictoria y asesina. Para comprender lo que la civilización mecanicista significa pensemos en la era de la bomba atómica, y para darnos cuenta del poder del misticismo veamos los sangrientos conflictos entre distintas facciones religiosas a lo largo de la historia.

El organismo desacorazado se experimenta a sí mismo como una unidad en movimiento. La distinción más importante entre sistemas orgonóticos acorazados y desacorazados es el desarrollo de un sadismo destructivo en los primeros, porque la libre manifestación de los impulsos vitales está inhibida. Al buscar contacto, chocan contra la pared de la coraza y se convierten en impulsos secundarios; es decir, todos los impulsos de vida se convierten en ira destructiva. El organismo trata de atravesar la coraza por la fuerza, como si estuviera aprisionado.

Reich llega entonces a la conclusión de que en el acorazamiento rígido y crónico del ser humano se encuentra la respuesta a tanto odio destructivo y su pensamiento místico-mecanicista.

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Ha descubierto así el dominio del “diablo”, como lo caracteriza el cristianismo. El diablo –sostiene– proviene de la fantasía humana mórbida, es una función esencial del hombre acorazado. Por otra parte, la idea de Dios es el intento racional del hombre por comprender su origen y representa la naturaleza verdadera y el núcleo de la vida. Sus ideas de un “futuro mejor” o del “paraíso” se centran en la idea de “unidad con Dios”, pero Dios (el representante del proceso vital en la mente del hombre) no puede ser alcanzado y permanece inaccesible por siempre. Asegura Reich que la mayoría de las filosofías acerca de la miseria humana están construidas sobre la evasión de lo esencial.

Si Dios explica la existencia emocional y espiritual del hombre, siendo la representación de las fuerzas vitales, naturales, de la bioenergía y el diablo es la representación de los malos instintos, de la perversión y la distorsión de estas fuerzas de la vida, se concluye que Dios y el diablo están dentro del mismo hombre y no afuera como sostiene la religión.

El hombre acorazado está aislado del contacto inmediato con la naturaleza, ha perdido la sensación del propio cuerpo, la autoconfianza natural, el auténtico sentimiento de bienestar, la capacidad de funcionar de la manera autorregulada natural del carácter genital que posee el hombre desacorazado.

El hombre se ha vuelto incapaz de alcanzar lo que más sinceramente desea: el bienestar, la paz, la felicidad. El animal humano puede aprender a entender y amar la naturaleza dentro y fuera de sí mismo sólo si piensa y actúa del modo en que la naturaleza funciona, es decir, en forma funcional y no mecanicista o mística.

La biopsiquiatría puede dar las respuestas correctas para que lo anterior sea una realidad viviente, aunque siempre se interpone la dificultad del hombre de penetrar su coraza y de pensar y actuar racionalmente. El hombre ve como algo peligroso el proceso de desacorazamiento que propone la orgonomía porque experimenta terror cuando entra en contacto con su núcleo biológico, con las corrientes plasmáticas, siente miedo al cambio, a enfrentar una vida diferente.

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3 - CONCLUSIONES

Con el descubrimiento y aplicación de la energía orgón cósmica, energía universalmente presente y demostrable, omitida por la ciencia pero sentida, vista o intuida desde tiempos remotos por parte de la humanidad, Wilhelm Reich puede constatar que realmente existe ese “élan vital” de los antiguos, el “Dios” de Spinoza, la “voluntad” de Schopenhauer, el “Ser” de Heidegger.

Reich no sólo da respuestas a las preguntas fundamentales del hombre de acuerdo con su postura filosófica, sino que como científico natural nos explica con detalles el camino y los métodos para que el hombre salga de la “trampa”, para que viva en la plenitud de sus capacidades perceptivas, en armonía con lo natural.

Por hablar siempre del ser humano dentro de las leyes de la naturaleza y poner el énfasis en la vida, la teoría reichiana puede ser equiparada a los antiguos sistemas de pensamiento de las grandes religiones asiáticas (hinduismo), la cristiandad temprana y los comienzos de las ciencias naturales en la antigüedad. Esta teoría, presentada con tanta coherencia, apoyada en tantos experimentos comprobables e irrebatibles, se mantiene al margen de la cultura de nuestro tiempo y es desplazada por otros sistemas de pensamiento que –una y otra vez– han llevado a la humanidad al desastre. Éstos son el mecanicismo y el misticismo, que como vimos atacan el elemento vital en el ser humano debido a que sus métodos de pensamiento derivan de la negación de la vida.

En tono mesurado, en el libro “El éter, Dios y el diablo” Reich confiesa que no abandona las esperanzas y tampoco cae en la desilusión ante la incapacidad del hombre de vivir libremente, pero trasunta en esta etapa de su obra una visión pesimista del hombre y la sociedad: todos los que entendieron la vida y lucharon por ella se encontraron invariablemente frustrados y fuera del sistema debido a que los exponentes acorazados de la civilización místico-mecanicista, negadores de la vida, pudieron perseverar y una y otra vez torturaron a la humanidad. La vida misma es incomprendida y temida, por eso la teoría de Reich está fuera de esta civilización.

 

4 - BIBLIOGRAFÍA


-WILHELM REICH:

(1933) “El análisis del carácter”.

(1942) “El descubrimiento del orgón: Vol. I, La función del orgasmo”.

(1948) “El descubrimiento del orgón: Vol. II, La biopatía del cáncer”.

(1951) “El éter, Dios y el diablo”.

-OLA RAKNES: “Wilhelm Reich y la Orgonomía”.

-ALBERTO DÍAZ GOLDFARB Y LILIANA LUQUE: “La forma humana”.

-ORUR SIGLO XXI: Publicación mensual de Los Orgones–Centro de Estudios Orgonómicos para el Desplazamiento de la Percepción.

-JOSTEIN GAARDER: “El mundo de Sofía”.

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