La ciencia natural de la antigüedad,
correctamente orientada en sus juicios hasta el presente, no
partió de
problemas materiales sino de problemas funcionales que no
excluían la
sensación. Toda mente científica se daba cuenta de que
era sólo nuestra propia
sensación de los procesos en nosotros mismos y fuera de nosotros
la que
contenía el acceso a los secretos más profundos de la
naturaleza. La sensación
es el tamiz a través del cual se perciben los estímulos
internos y externos;
forma el puente entre el yo y el mundo exterior. Desde este punto de
vista,
podemos hacer las siguientes comparaciones:
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El mecanicista no entiende
los procesos emocionales; éstos son ajenos y extraños
como objeto de investigación.
No puede negar las
sensaciones y no puede comprenderlas.
Es una persona
acorazada y rígida, que piensa en forma mecanicista, produce
herramientas mecanicistas y se forma una concepción mecanicista
de la naturaleza.
El médico
mecanicista desconoce la función somática de las
emociones; las enfermedades funcionales son enfermedades “imaginarias”.
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El místico se basa en
el concepto de una autonomía sobrenatural de las emociones y
sensaciones; éstas son algo irreal y más allá de
este mundo.
Está basado en
un bloqueo de las sensaciones, y cuando éstas reaparecen tiene
la percepción patológica de “poderes sobrenaturales”.
Es una persona
acorazada, que siente las excitaciones orgonóticas de su cuerpo
a pesar de su rigidez biológica pero no las entiende. No conoce
ninguna conexión entre lo físico y lo emocional.
Para el
místico, un alma vive en el cuerpo; cuerpo y alma son
ámbitos rígidamente separados aunque interrelacionados.
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El funcionalista incluye las
emociones en el ámbito de la investigación
científica natural.
La sensación
misma es el objetivo de la investigación científica.
Hay una identidad
funcional en la unidad de psique y soma, de emoción y
excitación.
El médico
orientado funcionalmente, el orgonterapeuta, conoce la importancia y
valora la función somática de las emociones; entiende por
qué alguien puede “morir de pena”.
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Las posturas filosóficas del
mecanicismo y el misticismo han ahogado lo que está vivo en el
ser humano, lo
han acorazado de tal manera que la naturaleza viva dejó de estar
en armonía con
las funciones reales de la vida; perdió la vitalidad del
movimiento. El rígido
mecanicista considera al organismo como una máquina
esencialmente complicada.
El místico traslada el movimiento de la vida al más
allá (lo sobrenatural) en
la teoría y con frecuencia también en la práctica.
El mecanicismo y el misticismo se combinan
para formar una imagen divisiva de la vida, con un cuerpo con
sustancias
químicas y una jerarquía de los órganos por un
lado y una mente o alma por el
otro.
La protección de la vida requiere
del pensamiento funcional como guía en este mundo lleno de
“filosofías”
clásicas y antiguas acerca de la vida, el estado, los valores
absolutos, el espíritu
universal. Dichas
filosofías, tanto el
mecanicismo como el misticismo, han degenerado en una
civilización
contradictoria y asesina. Para comprender lo que la civilización
mecanicista
significa pensemos en la era de la bomba atómica, y para darnos
cuenta del
poder del misticismo veamos los sangrientos conflictos entre distintas
facciones religiosas a lo largo de la historia.
El organismo desacorazado se experimenta
a sí mismo como una unidad en movimiento. La distinción
más importante entre
sistemas orgonóticos acorazados y desacorazados es el desarrollo
de un sadismo
destructivo en los primeros, porque la libre manifestación de
los impulsos
vitales está inhibida. Al buscar contacto, chocan contra la
pared de la coraza
y se convierten en impulsos secundarios; es decir, todos los impulsos
de vida
se convierten en ira destructiva. El organismo trata de atravesar la
coraza por
la fuerza, como si estuviera aprisionado.
Reich llega entonces a la conclusión
de que en el acorazamiento rígido y crónico del ser
humano se encuentra la
respuesta a tanto odio destructivo y su pensamiento
místico-mecanicista.
Ha descubierto así el dominio del
“diablo”, como lo caracteriza el cristianismo. El diablo –sostiene–
proviene de
la fantasía humana mórbida, es una función
esencial del hombre acorazado. Por
otra parte, la idea de Dios es el intento racional del hombre por
comprender su
origen y representa la naturaleza verdadera y el núcleo de la
vida. Sus ideas de un
“futuro mejor” o del “paraíso” se
centran en la idea de “unidad con Dios”, pero Dios (el representante
del
proceso vital en la mente del hombre) no puede ser alcanzado y
permanece
inaccesible por siempre. Asegura Reich que la mayoría de las
filosofías acerca
de la miseria humana están construidas sobre la evasión
de lo esencial.
Si Dios explica la existencia
emocional y espiritual del hombre, siendo la representación de
las fuerzas
vitales, naturales, de la bioenergía y el diablo es la
representación de los
malos instintos, de la perversión y la distorsión de
estas fuerzas de la vida, se
concluye que Dios y el diablo están dentro del mismo hombre y no
afuera como
sostiene la religión.
El hombre acorazado está aislado del
contacto inmediato con la naturaleza, ha perdido la sensación
del propio
cuerpo, la autoconfianza natural, el auténtico sentimiento de
bienestar, la
capacidad de funcionar de la manera autorregulada natural del
carácter genital
que posee el hombre desacorazado.
El hombre se ha vuelto incapaz de
alcanzar lo que más sinceramente desea: el bienestar, la paz, la
felicidad. El
animal humano puede aprender a entender y amar la naturaleza dentro y
fuera de
sí mismo sólo si piensa y actúa del modo en que la
naturaleza funciona, es decir,
en forma funcional y no mecanicista o mística.
La biopsiquiatría puede dar las respuestas
correctas para que lo anterior sea una realidad viviente, aunque
siempre se
interpone la dificultad del hombre de penetrar su coraza y de pensar y
actuar
racionalmente. El hombre ve como algo peligroso el proceso de
desacorazamiento
que propone la orgonomía porque experimenta terror cuando entra
en contacto con
su núcleo biológico, con las corrientes
plasmáticas, siente miedo al cambio, a
enfrentar una vida diferente.
.
3 - CONCLUSIONES
Con el descubrimiento y aplicación
de la energía orgón cósmica, energía
universalmente presente y demostrable,
omitida por la ciencia pero sentida, vista o intuida desde tiempos
remotos por
parte de la humanidad, Wilhelm Reich puede
constatar que realmente existe ese “élan vital” de los
antiguos, el “Dios”
de Spinoza, la “voluntad” de Schopenhauer, el “Ser” de Heidegger.
Reich no sólo da respuestas a las
preguntas fundamentales del hombre de acuerdo con su postura
filosófica, sino
que como científico natural nos explica
con detalles el camino y los métodos
para que el hombre salga de la “trampa”, para que viva en la plenitud
de sus capacidades
perceptivas, en armonía con lo natural.
Por hablar siempre del ser humano
dentro de las leyes de la naturaleza y poner el énfasis en la vida, la teoría reichiana puede ser
equiparada a los antiguos sistemas de pensamiento de las grandes
religiones
asiáticas (hinduismo), la cristiandad temprana y los comienzos
de las ciencias
naturales en la antigüedad. Esta teoría, presentada con
tanta coherencia, apoyada
en tantos experimentos comprobables e irrebatibles, se mantiene al
margen de la
cultura de nuestro tiempo y es desplazada por otros sistemas de
pensamiento que
–una y otra vez– han llevado a la humanidad al desastre. Éstos
son el
mecanicismo y el misticismo, que como vimos atacan el elemento vital en
el ser
humano debido a que sus métodos de pensamiento derivan de la
negación de la
vida.
En tono mesurado, en el libro “El
éter, Dios y el diablo” Reich confiesa que no abandona las
esperanzas y tampoco
cae en la desilusión ante la incapacidad del hombre de vivir
libremente, pero
trasunta en esta etapa de su obra una visión
pesimista del hombre y la sociedad: todos los que entendieron la
vida y
lucharon por ella se encontraron invariablemente frustrados y fuera del
sistema
debido a que los exponentes acorazados de la civilización
místico-mecanicista,
negadores de la vida, pudieron perseverar y una y otra vez torturaron a
la
humanidad. La vida misma es incomprendida y temida, por eso la
teoría de Reich
está fuera de esta civilización.
4 - BIBLIOGRAFÍA
-WILHELM REICH:
(1933) “El análisis del carácter”.
(1942) “El descubrimiento del orgón:
Vol. I, La función del orgasmo”.
(1948) “El descubrimiento del orgón:
Vol. II, La biopatía del cáncer”.
(1951) “El éter, Dios y el diablo”.
-OLA RAKNES: “Wilhelm Reich y la Orgonomía”.
-ALBERTO DÍAZ GOLDFARB Y LILIANA
LUQUE: “La forma humana”.
-ORUR SIGLO XXI: Publicación mensual
de Los
Orgones–Centro de Estudios Orgonómicos para el Desplazamiento de
la Percepción.
-JOSTEIN GAARDER: “El mundo de Sofía”.