La
neurosis y psicosis funcionales –decía- eran mantenidas por una
energía sexual excesiva, indebidamente descargada. Se la
podía llamar “energía psíquica” pero nadie
sabía qué era en realidad. No
obstante, no cabía duda de que las perturbaciones
psíquicas tenían su raíz en el “dominio
somático”; por lo que pretender comprender dichas perturbaciones
sin el conocimiento de su base somática, era inconcebible.
El
conflicto psíquico entre la sexualidad y la moralidad operaban
en las profundidades biológicas del organismo como un conflicto
entre la excitación placentera y el espasmo muscular.
El
aflojamiento de las actitudes musculares rígidas, por su parte,
dio como resultado sensaciones somáticas particulares: temblor
involuntario, sacudimiento de los músculos, sensaciones de calor
y frío, picazón, hormigueo, erizamiento y
percepción somática de la angustia, la ira y el placer.
Tales manifestaciones no eran el “resultado” ni “las causas” ni
el “acompañamiento” de los procesos psíquicos; eran sencillamente esos procesos mismos en
la esfera somática. Reich reunió a estas manifestaciones
somáticas bajo el nombre de corrientes vegetativas. Pero
¿qué eran estas corrientes vegetativas? ¿eran
sólo el movimiento de los fluidos corporales?
Franz
Kraus (famoso internista berlinés) había
determinado en 1926, a través de experimientos novedosos, que el
cuerpo estaba regido por procesos eléctricos. El cuerpo
poseía, según Kraus, innumerables “superficies
limítrofes” entre las membranas y los fluidos
electrolíticos de diversa densidad y composición. Debido
a que hay diferencias en la densidad y en la estructura de las
membranas, se dan también diferencias de tensión en las
superficies limítrofes y, como consecuencia, diferencia de
potencial de intensidades diversas. Las diferencias de potencial pueden
compararse con la diferencia de energía entre dos cuerpos a
diferentes alturas. Al caer, el que está a mayor altura puede
realizar más trabajo que el que está a menor altura.
El
principio de la diferencia de potencial era aplicable a las diferencias
en las tensiones eléctricas. Cuando un cuerpo muy cargado se
conecta por medio de un cable a uno menos cargado,
fluirá una corriente del primero al segundo: la energía
eléctrica estática se convierte en energía
corriente. Se establece una igualación entre las dos cargas del
mismo modo que el nivel del agua en dos recipientes se iguala cuando
estos se conectan por un tubo. Ahora bien, nuestro cuerpo consiste en
innumerables superficies internas de distinta energía potencial.
En consecuencia, la energía eléctrica del cuerpo se halla
en constante movimiento entre lugares de potencial mayor y otros de
potencial menor. Los conductores de las cargas eléctricas en ese
continuo proceso de igualación son las partículas de los
fluidos del cuerpo, los iones.
Todo
este conocimiento fue aplicado por Reich a sus investigaciones sobre la
sexualidad humana y la función del orgasmo. Así, la
tensión sexual que se siente en todo el cuerpo y que parte desde
el corazón y el abdomen, se va concentrando gradualmente en los
genitales, que se llenan de sangre y en cuya superficie ocurren cargas
eléctricas. La tensión va creciendo con la
fricción hasta culminar en el orgasmo,
considerado éste como un fenómeno de
descarga eléctrica. Así llegó Reich a
determinar la fórmula del orgasmo como un movimiento en cuatro
tiempos:
Tensión
mecánica – Carga eléctrica – Descarga eléctrica –
Relajación mecánica.
continúa...